LO QUE NUNCA TE DIJE, MAMÁ
Por Mauricio Javier Molinares Cañavera
Gracias por las veces en que ya no podías más…
y seguiste.
Seguiste. Con el alma atribulada, el cuerpo rendido,
el ánimo en silencio y las lágrimas escondidas.
Seguiste, sin decir nada,
porque sabías que alguien te necesitaba de pie.
Gracias por no rendirte, aunque nadie te aplaudiera.
Por quedarte cuando todos se iban.
Por ser abrigo cuando la vida era intemperie.
No sé cómo lo hiciste, pero tu amor siempre llegó primero…
incluso antes que el pan.
Sé que en algunas noches silenciosas
dudaste incluso de I misma
y del descomunal reto que implica la maternidad.
Quizás pensaste que no hacías lo correcto a veces,
que te quedabas corta, que te faltaban fuerzas.
Pero no sabías que, para mí, eras el mundo entero.
Tu amor, tan firme como el sol
y tan discreto como el rocío,
fue lo más hermoso y lo más perfecto que he conocido.
Y aunque mis labios callaran,
mis ojos te miraban con graItud.
Siempre te miraron.
A veces te busco sin querer…
en gestos que ahora son míos,
en maneras de cuidar,
en frases que se me escapan con tu voz.
Porque cuando una madre ama de verdad, no se va:
se queda sembrada en el alma de los suyos.
Y florece… aun en la ausencia.
Y también va mi graItud para esas otras madres que no nos llevaron en su vientre, pero sí en el alma.
Abuelas, Sas, maestras, amigas, suegras,
mujeres que sin tener la obligación,
eligieron cuidar, abrazar, sostener.
A ustedes también les debemos la vida que tenemos.
Hay madres que no parieron hijos,
pero han parido ternura, abrigo y coraje.
Madres sin Stulo, pero con alma de refugio.
Porque hay miradas que sosIenen,
manos que sanan
y presencias que se quedan para siempre.
Porque la maternidad no siempre comienza en un parto…
a veces comienza en el amor silencioso
de quien elige cuidar sin pedir nada a cambio.
A todas ustedes, madres de sangre o de alma:
gracias por sostenernos cuando ni nosotros sabíamos cómo seguir.
Por ser faro en la tormenta, abrigo en la intemperie,
y fe cuando nos faltaba hasta la esperanza.
Que hoy todo ese amor que dieron en silencio
les vuelva mulIplicado en forma de vida, de paz y de honra.
Porque no hay nada más parecido a Dios…
que una madre amando.
¡Feliz día de las madres!
